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Terra
La Coctelera

#democraciarealya, una reflexión...

19 may 11

La única razón por la que apoyo #15M #democraciarealya o #nolesvotes es por la oportunidad que supone cara a la democracia. Es preciso recuperar la representatividad que en algún momento nos arrebataron los partidos. Esas estructuras opacas, cerradas, que no nos representan, cuyo único objeto es perpetuarse en el poder para provecho propio.

Son precisas medidas que fortalezcan la representatividad de los ciudadanos, es preciso revitalizar una separación de poderes efectiva, potenciar la independencia de los medios de comunicación y dar una mayor importancia a la formación, la investigación y la creación de empleo, empleo basado en modelos productivos de riqueza sostenibles y perdurables. Ya el CDS de Punset en los 90 incluía en el programa algunas de estas iniciativas que, sin embargo, pasaron sin pena ni gloria.

Cualquier redacción, iniciativa o demanda, política o ideológica, realizada bajo el paraguas de #democraciarealya no cuenta con el respaldo de las distintas voluntades que la componen puesto que es apolítico y algunas de las demandas no lo son, ni están enmarcadas en una visión completa y compleja de la realidad.

Cualquiera otra petición ha de adoptar el cauce adecuado y contar con el respaldo y estudio debido.

Es momento para hacer llegar nuestra voz allí donde se toman las decisiones, y hacerlo en sus mil formas y variantes. No es momento de apoderarse de algo espontáneo y legítimo.

La democracia no era aquel bendecir cada cuatro años a quiénes nos están mangoneando. Ni el PP ni el PSOE me representan, en modo alguno tienen la amplitud de miras necesaria, la responsabilidad ni la sensibilidad... Lo que quiero es que cada persona pueda optar de manera abierta por aquel partido que mejor represente sus ideas. No queremos ese modelo cainita, falso, manipulado y mentiroso. Basta de pantomimas.

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Manifiesto: En defensa de los derechos fundamentales en Internet

3 dic 09

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que...

1.- Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2.- La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial -un organismo dependiente del ministerio de Cultura-, la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3.- La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4.- La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5.- Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6.- Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7.- Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8.- Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España, ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9.- Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10.- En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Si quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

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Contra-editorial

1 dic 09

De donde soy se admite a quien viene, también a quien va. De donde soy se es orgulloso. De donde soy no puede uno pararse mucho. De donde soy se es bravo, visceral, muchas veces innecesariamente, también cobarde. De donde soy se tiene que ser cada día más duro, no sé si es duro o insensible, probablemente he dejado de mirar por lo que somos para hacerlo únicamente por mi.

De donde soy uno no encuentra fácil acomodo. De donde soy siento muchas veces vergüenza ajena, puesto que hay quien dice hablar por mí sin conocerme ni compartir lo que pienso. De donde soy me duele ver lo que veo, se me personifica como la encarnación del mal, soy de Madrid. De donde soy se insulta también, que no lo tolero, que me duele en la misma medida, que me revuelve el estómago que pongan palabras en mi boca, que Cataluña es grande, que si España puede serlo es porque cuenta con Barcelona, con Girona, con Bilbao, A Coruña, Huelva, Mallorca, Salamanca y así, tantas ciudades, tantas personas que son únicas.

De donde vengo me enseñaron que no está bien vivir resentido, de donde vengo me enseñaron a apoyar al débil, el débil no era más que una caridad de "pobrecitos". De donde vengo se me dijo que éramos iguales, pero, no; hoy sé que no es así, que somos distintos, bien distintos, lo que no implica que no tengamos puntos en común o que no pueda haber encuentro. De donde vengo se es sencillo, se trabaja, se renunció a mucho, se sacrificaron generaciones para mi bien.

De donde soy, quisiera fuera de otra manera, una en la que tengamos cabida, sin cinismo, sin falsedad, sin iluminados de uno u otro signo.

De a donde voy. No lo sé, ya dije que uno no puede pararse mucho y, qué es mi voz ante la rapiña de unos pocos, partiditos, o la opinión pública, esa tan maleable, parece. Que uno por momentos se ve en manos de charlatanes y agitadores. Pero, creo, somos más, somos muchos más los que queremos entendernos, los que queremos vivir en paz, trabajar, viajar donde se nos antoje y, si hay fricciones, encontrar la manera de entendernos, sin "matanzas", ni amenazas verbales, que es muy serio. Así que, que nadie venga a espetarme con falsos argumentos el odio al catalán, que nunca jamás podré odiar a quienes no quieren sino lo que les es legítimo. Que nadie espolee el odio contra mí, que soy fuerte y con la misma fuerza y determinación se levantaran las personas de bien para hacer sombra a aquellos que con falsos argumentos y argucias tratan de enfrentarnos.

Que Cataluña tiene derecho a su estatuto, sí, que un partido sea el que sea tiene derecho a interponer un recurso, también. De lo contrario cabría el que una comunidad de vecinos por sufragio directo decidiera no pagar impuestos, -¿hay situación más democrática?,- cabría que una comunidad decidiera adecuada la poligamia y así tantas otras formas "democráticas". De como los partidos han hecho de los tribunales su patio trasero de juegos ya es otra cosa.

Por qué esta agitación, quién busca y procura enfrentamiento. La dignidad de Cataluña no está en el estatuto, ni siquiera en sus políticos, por lo visto tampoco en los medios de "comunicación"... tampoco la de España, afortunadamente. Puesto que unos y otros, no importa el punto de la geografía española de la que hablemos, no defienden sino sus intereses.

Que nadie hable por mí.

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nada

1 dic 08

Viene cada mañana, más o menos a primera hora, y siempre, como si fuera la primera vez, dice lo mismo al entrar: “¡Lo he perdido todo!”

Sin mediar palabra Juan le toma del brazo y le dirige a una de las mesas, el gesto es cercano, casi familiar. En él parece haber relativa sorpresa, abre y cierra los ojos con cierta ajenidad, se deja hacer sin embargo.

Al mediodía Juan me pide café y el cuaderno. Le sirve, abre el cuaderno sobre la mesa y deja un bolígrafo. Juan no para tranquilo hasta que le ve cogerlo y empezar a escribir.
El cuaderno es el mismo que cada noche Juan relee al cierre. Cuando me voy aún sigue leyendo.

Juan apenas habla de él. Lourdes, la cocinera, vagamente lo ha hecho, y cuando lo hizo fue para referirse a cierta conversación que mantuvieron.

“-Sólo por un momento he visto la que pudo ser mi vida…
-Qué estupidez.
-¡Cómo?
-Sí, que, lo que estás diciendo es una soberana estupidez. No puedes ver nada, porque ahí, ante ti, no hay otra cosa que nada.
-No me mires así,- continúa ante la expresión de perplejidad de Roberto.
-Pero…, por qué reaccionas de ese modo, no es más que un comentario ino…
-¡Qué no coño!,- le interrumpe- que me cayo si quieres, pero que no me cuentes milongas. Que mañana no hay nada. Vacío. Lo que pueda suceder no es en modo alguno seguro, ni siquiera cierto…, y la otra, la pasada, la que no hayas podido vivir, esa no es. Nunca lo fue, y nunca lo será. Porque cada instante depende de este. No hay un si en lugar de esto te hubiera dicho. No, no lo hay.- Echa mano del tercio para aclararse la garganta y poder así ver con más claridad.
-Tu vida, ¡la mía!, no es sino una sucesión de instantes, inconexos, que no te dan más idea del futuro o el pasado que la que puedas inventar. Es una ficción… ¿Lo entiendes?, para que puedas seguir, para que puedas creer. Pero, no es, no es cierta, ni siquiera la que vives. Lo siento.”

No volvieron a hablar, tampoco a verse, no hubo un, “Adiós, hasta pronto”. Nada

No he visto a Juan escribir en ningún momento y sé que lo intenta. Lo sé por la manera en la que coge esos cuadernos, lo sé por los borradores que, hechos una pelota, encuentro cada mañana al abrir. No pueden ser de otra persona, es su letra. Lo es y no lo es, porque se ve distinta, más suelta, maleducada, no es la letra de las comandas.

Le he sorprendido incluso dejando un café a medias, un cigarrillo, para, con el pretexto de ir a la cámara, releer algo en los muchos cuadernos que tan afanosamente guarda y de los que no ha escrito una línea. Es una suerte de mirón.

No digo que le conozca, suele resultarme hermético. Lleva consigo constantemente la sensación de callarse algo. Su aflicción, creo, tiene que ver con sus intentos por escribir.

Qué anima a Juan, me lo he preguntado muchas veces.
Es su presencia un tanto abrupta que me despierta cierto desasosiego. Una quiebra, una brecha en lo pausado de su ser, su cuerpo, y la vivacidad de unos ojos que todo lo escrutan. Levantar la vista y descubrirle observándote como el que desnuda a un hijo antes de acostarlo. Descubrirle parapetado en la sombra de un pretexto. Saberle al acecho de un gesto, una conversación, un pensamiento. Sin motivo, sin razón alguna comprensible. Pues nada hay. Nada salvo detalles que escapan, inconscientes, accidentales, vacíos; pequeños instantes inconexos a los que dar un sentido.

Me atrevería a decir que su vida es la cafetería. Es el pequeño señor de un trozo de calle. Que aún no ha conseguido salir más allá de la barra, del enlosado, de las cuatro mesas que familiarmente traemos y llevamos, juntamos y limpiamos. No importa la hora, siempre está.

Soy quizá el único elemento ajeno. Aquí todo se puede explicar en términos de “buenos días, qué quiere”, “un cafetito cortado, ¿no?”, “te lo pongo para llevar”, “hoy tenemos esa sopa que tanto te gusta”, “hace frío, verdad”... Todo es satisfacer apetitos casuales, salvar alguna conversación de paso y ver pasar los días. Es como estar en el culo de un televisor y asistir a una proyección donde cambian las horas de luz, los matices, el ir y venir. Aquí, mientras, todo permanece inalterable.

Sé que debo irme porque necesito una vista más allá de la que me marcan la pared y un espejo que, ya, me devuelve la mirada.

En lo que va de día no se ha levantado del sitio. Ocupa la mesa que normalmente tiene él, junto al ventanal.

No es que ponga un especial cuidado en los detalles pero, visto así, podría decir que la ropa es la misma que llevaba ayer. Lo arrugado, lo cansado de su pose. No es la ropa, es Juan encogido en la silla entre los cuadernos, algunos en el suelo, como el que aguarda toda la noche sentado en un banco de mármol, entumecidas ya las extremidades.

Me acerco con un vaso de café para sacarle, para recuperarle, de un ánimo tibio.
-Juan, qué tal. Cómo estamos hoy… No has dicho nada desde que has llegado- dice Roberto.
-¡Eh…!, no es nada-
-Pero Juan, cuánto llevas aquí.
-Cómo… Cuánto… No sabría decirte.
-Juan, te comportas de un modo extraño.
-No ha venido- replica pausado Juan.
-¿Quién?
-¿Cómo, quién? Él, Roberto, él- sosteniendo uno de los cuadernos.
-No te preocupes, no importa, seguro ha tenido algo que hacer. Mañana volverá.
-No…- Levantándose de la silla a la espera de una razón que pueda hacer pensar que es así.
-Juan, no te…- se interrumpe al observar que Juan no le presta atención alguna. Ha vuelto a tomar asiento con la vista perdida.
-Juan- insiste Roberto, echándole la mano al hombro- ¡Juan?
-No va volver, lo sé.- Juan vuelve a la barra incapaz de recuperar la conversación.

Sólo cuando oye la silla arrastrar con brusquedad se vuelve. Juan se dirige a la puerta.
-¿Juan… Dónde vas?, ¿Juan…?
-¿Juan?-, insiste - ¿dónde vas, qué haces?- le coge en dos zancadas.
-¿Qué haces Juan?, ¿qué te ocurre?
-Me voy Roberto. Me voy.- Retirándole la mano del antebrazo
-¿Cómo que te vas…? Pero… y qué vas a hacer.
-No lo sé.- Dice encaminando sus pasos calle abajo.

Unos metros más allá deja caer el mandil. Un “juanjuan” de Lourdes se eleva a medida que se va alejando.

sin comentarios

"juanjuan"

27 nov 08

En lo que va de día no se ha levantado del sitio. Ocupa la mesa que normalmente tiene él, junto al ventanal.

No es que ponga un especial cuidado en los detalles pero, visto así, podría decir que la ropa es la misma que llevaba ayer. Lo arrugado, lo cansado de su pose. No es la ropa, es Juan encogido en la silla entre los cuadernos, algunos en el suelo, como el que aguarda toda la noche sentado en un banco de mármol, entumecidas ya las extremidades.

Me acerco con un vaso de café para sacarle, para recuperarle, de un ánimo tibio.

-Juan, qué tal. Cómo estamos hoy… No has dicho nada desde que has llegado- dice Roberto.
-¡Eh…!, no es nada-
-Pero Juan, cuánto llevas aquí.
-Cómo… Cuánto… No sabría decirte.
-Juan, te comportas de un modo extraño.
-No ha venido- replica pausado Juan.
-¿Quién?
-¿Cómo, quién? Él, Roberto, él- sosteniendo uno de los cuadernos.
-No te preocupes, no importa, seguro ha tenido algo que hacer. Mañana volverá.
-No…- Levantándose de la silla a la espera de una razón que pueda hacer pensar que es así.
-Juan, no te…- se interrumpe al observar que Juan no le presta atención alguna. Ha vuelto a tomar asiento con la vista perdida.
-Juan- insiste Roberto, echándole la mano al hombro- ¡Juan?
-No va volver, lo sé.- Juan vuelve a la barra incapaz de recuperar la conversación.

Sólo cuando oye la silla arrastrar con brusquedad se vuelve. Juan se dirige a la puerta.
-¿Juan… Dónde vas?, ¿Juan…?
-¿Juan?-, insiste - ¿dónde vas, qué haces?- le coge en dos zancadas.
-¿Qué haces Juan?, ¿qué te ocurre?
-Me voy Roberto. Me voy.- Retirándole la mano del antebrazo
-¿Cómo que te vas…? Pero… y qué vas a hacer.
-No lo sé.- Dice encaminando sus pasos calle abajo.

Unos metros más allá deja caer el mandil. Un “juanjuan” de Lourdes se eleva a medida que se va alejando.

sin comentarios

culo de televisor

21 nov 08

Me atrevería a decir que su vida es la cafetería. Es el pequeño señor de un trozo de calle. Que aún no ha conseguido salir más allá de la barra, del enlosado, de las cuatro mesas que familiarmente traemos y llevamos, juntamos y limpiamos. No importa la hora, siempre está.

Soy quizá el único elemento ajeno. Aquí todo se puede explicar en términos de “buenos días, qué quiere”, “un cafetito cortado, ¿no?”, “te lo pongo para llevar”, “hoy tenemos esa sopa que tanto te gusta”, “hace frío, verdad”... Todo es satisfacer apetitos casuales, salvar alguna conversación de paso y ver pasar los días. Es como estar en el culo de un televisor y, dentro de la pantalla, asistir a una proyección donde cambian las horas de luz, los matices, el ir y venir. Aquí, mientras, todo permanece inalterable.

Llega la hora en que abruma, es entonces que sé que debo irme, que necesito una visión más allá de la que me acotan la pared y un espejo que me devuelve la mirada.
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Corrección 27/11/2008

"Me atrevería a decir que su vida es la cafetería. Es el pequeño señor de un trozo de calle. Que aún no ha conseguido salir más allá de la barra, del enlosado, de las cuatro mesas que familiarmente traemos y llevamos, juntamos y limpiamos. No importa la hora, siempre está.

Soy quizá el único elemento ajeno. Aquí todo se puede explicar en términos de “buenos días, qué quiere”, “un cafetito cortado, ¿no?”, “te lo pongo para llevar”, “hoy tenemos esa sopa que tanto te gusta”, “hace frío, verdad”... Todo es satisfacer apetitos casuales, salvar alguna conversación de paso y ver pasar los días. Es como estar en el culo de un televisor y asistir a una proyección donde cambian las horas de luz, los matices, el ir y venir. Aquí, mientras, todo permanece inalterable.

Sé que debo irme porque necesito una vista más allá de la que me marcan la pared y un espejo que, ya, me devuelve la mirada."

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saberse observado

21 nov 08

Qué anima a Juan, me lo he preguntado muchas veces.
Es su presencia un tanto abrupta que me despierta cierto desasosiego. Una quiebra, una brecha en lo pausado de su ser, su cuerpo, y la vivacidad de unos ojos que todo lo escrutan. Levantar la vista y descubrirle observándote como el que desnuda a un hijo antes de acostarlo. Descubrirle parapetado en la sombra de un pretexto. Saberle al acecho de un gesto, una conversación, un pensamiento. Sin motivo, sin razón alguna comprensible. Pues nada hay. Nada salvo detalles que escapan, inconscientes, accidentales, vacíos; pequeños instantes inconexos a los que dar un sentido.

Saberse observado.

sin comentarios

maleducada

12 nov 08

No he visto a Juan escribir en ningún momento y sé que lo intenta. Lo sé por la manera en la que coge esos cuadernos, lo sé por los borradores que, hechos una pelota, encuentro cada mañana al abrir. No pueden ser de otra persona, es su letra. Lo es y no lo es, porque se ve distinta, más suelta, maleducada, no es la letra de las comandas.

Le he sorprendido incluso dejando un café a medias, un cigarrillo, para, con el pretexto de ir a la cámara, releer algo en los muchos cuadernos que tan afanosamente guarda y de los que no ha escrito una línea. Es una suerte de mirón.

No digo que le conozca, suele resultarme hermético. Lleva consigo constantemente la sensación de callarse algo. Su aflicción, creo, tiene que ver con sus intentos por escribir.

sin comentarios