De donde soy se admite a quien viene, también a quien va. De donde soy se es orgulloso. De donde soy no puede uno pararse mucho. De donde soy se es bravo, visceral, muchas veces innecesariamente, también cobarde. De donde soy se tiene que ser cada día más duro, no sé si es duro o insensible, probablemente he dejado de mirar por lo que somos para hacerlo únicamente por mi.
De donde soy uno no encuentra fácil acomodo. De donde soy siento muchas veces vergüenza ajena, puesto que hay quien dice hablar por mí sin conocerme ni compartir lo que pienso. De donde soy me duele ver lo que veo, se me personifica como la encarnación del mal, soy de Madrid. De donde soy se insulta también, que no lo tolero, que me duele en la misma medida, que me revuelve el estómago que pongan palabras en mi boca, que Cataluña es grande, que si España puede serlo es porque cuenta con Barcelona, con Girona, con Bilbao, A Coruña, Huelva, Mallorca, Salamanca y así, tantas ciudades, tantas personas que son únicas.
De donde vengo me enseñaron que no está bien vivir resentido, de donde vengo me enseñaron a apoyar al débil, el débil no era más que una caridad de "pobrecitos". De donde vengo se me dijo que éramos iguales, pero, no; hoy sé que no es así, que somos distintos, bien distintos, lo que no implica que no tengamos puntos en común o que no pueda haber encuentro. De donde vengo se es sencillo, se trabaja, se renunció a mucho, se sacrificaron generaciones para mi bien.
De donde soy, quisiera fuera de otra manera, una en la que tengamos cabida, sin cinismo, sin falsedad, sin iluminados de uno u otro signo.
De a donde voy. No lo sé, ya dije que uno no puede pararse mucho y, qué es mi voz ante la rapiña de unos pocos, partiditos, o la opinión pública, esa tan maleable, parece. Que uno por momentos se ve en manos de charlatanes y agitadores. Pero, creo, somos más, somos muchos más los que queremos entendernos, los que queremos vivir en paz, trabajar, viajar donde se nos antoje y, si hay fricciones, encontrar la manera de entendernos, sin "matanzas", ni amenazas verbales, que es muy serio. Así que, que nadie venga a espetarme con falsos argumentos el odio al catalán, que nunca jamás podré odiar a quienes no quieren sino lo que les es legítimo. Que nadie espolee el odio contra mí, que soy fuerte y con la misma fuerza y determinación se levantaran las personas de bien para hacer sombra a aquellos que con falsos argumentos y argucias tratan de enfrentarnos.
Que Cataluña tiene derecho a su estatuto, sí, que un partido sea el que sea tiene derecho a interponer un recurso, también. De lo contrario cabría el que una comunidad de vecinos por sufragio directo decidiera no pagar impuestos, -¿hay situación más democrática?,- cabría que una comunidad decidiera adecuada la poligamia y así tantas otras formas "democráticas". De como los partidos han hecho de los tribunales su patio trasero de juegos ya es otra cosa.
Por qué esta agitación, quién busca y procura enfrentamiento. La dignidad de Cataluña no está en el estatuto, ni siquiera en sus políticos, por lo visto tampoco en los medios de "comunicación"... tampoco la de España, afortunadamente. Puesto que unos y otros, no importa el punto de la geografía española de la que hablemos, no defienden sino sus intereses.
Que nadie hable por mí.
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